Un 30 de junio de 1943, en un cuarto humilde de la ciudad de Buenos Aires, muere Mercedes del Carmen Pacheco. Muere humilde y silenciosamente como había vivido. Este lema de “hacer el bien sin ruido” que cosechó en su vida de entrega hacia los demás, resquebraja los oídos de una sociedad acostumbrada a que cada acto de “bien común” se publicite en pantallas de televisión y en redes sociales. Esta pionera del bien común, heredera del más genuino contenido evangélico: “Que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha”, perteneció a una generación de mujeres tucumanas cuya imagen no ha sido suficientemente valorada, si consideramos que todas las fechas patrias de nuestra historia evocan a próceres varones, con todo el respeto y la admiración que pudiéramos tener hacia ellos. Pero… ¿no merecería la Madre Pacheco un día de fiesta para honrar su memoria? Si examinamos los andamios de la historia, junto con Elmina Paz de Gallo y Guillermina Leston de Guzmán, por citar a mujeres que fueron contemporáneas, diseñó y puso en práctica un sentido de justicia y de derecho, un afán de hacerse eco de las Bienaventuranzas evangélicas; esas que conmovieron también a líderes espirituales como Gandhi y su revolución de la no violencia, que sacudió marañas sociales de desidia, implementando un proyecto de rescate y reivindicación de las minorías excluidas. Aterrada por el dolor y el llanto de los “sin pan” no tuvo miedo de las dificultades. Fue admirada por personajes importantes como el Dr Alberto Soldati, quien colaboró con su obra, así como por quienes detestaban a la Iglesia como el Diputado socialista Alfredo Palacios, por la convicción y la fuerza de su propósito de traer el Reino de Dios a la tierra, poniendo a los excluidos sociales en el centro de la historia, dignificándolos con la educación y el trabajo. Su presencia impactaba por su coherencia entre la palabra y la acción. En Laprida al 700 se ubica uno de los cientos Institutos de la congregación: Colegio Madre Mercedes Pacheco. Sigue albergando las orfandades de todo tipo, al ser una fuente de trabajo, educación y contención social.
Graciela Jatib
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